Fabián Gutiérrez, ex secretario privado de Cristina Kirchner, declaró en calidad de arrepentido en la causa de los Cuadernos de las coimas. El hombre, una de las poquísimas personas que conoce el detalle de lo que hizo casi a diario Cristina durante su gestión como presidente, pidió al fiscal Carlos Stornelli que su declaración indagatoria sea considerada la de un “imputado colaborador”. El contenido de esas aseveraciones volcadas ante el fiscal podría complicar seriamente a la ex presidenta, ya procesada en el expediente como jefa de una asociación ilícita dedicada a recaudar sobornos de empresas privadas.

Gutiérrez llegó a Buenos Aires este viernes a las cinco y media de la mañana en el vuelo 1883 de Aerolíneas Argentinas. Había salido desde Río Gallegos, Santa Cruz. Voló preso. Lo custodiaban agentes de las fuerzas de seguridad. Gutiérrez, ex secretario privado adjunto de la Presidencia de la Nación desde el 2003 hasta el 2010, hizo esa ruta del cielo mil veces. Ida y vuelta. Con poder. Ya no lo tiene. Esta vez, su viaje fue solo de ida. Había sido detenido el miércoles por orden del juez Claudio Bonadio y el fiscal Stornelli en el marco de la causa de los “cuadernos K”.

Desde Aeroparque fue llevado a la alcaldía de los tribunales de Comodoro Py. Trabajó casi tres décadas junto a los Kirchner. Él ya tenía pensado, cuando su avión tocó tierra, que pediría declarar como arrepentido en el caso de corrupción que más complica a su ex Jefa. Es “ex Jefa” desde el momento en el que su abogado le avisó al juez Bonadio y al fiscal Stornelli que su cliente estaba dispuesto a contar todo lo que sabe sobre los manejos y costumbres de la familia Kirchner.

Los colaboradores de la Justicia pueden recibir una condena más baja si aportan información para esclarecer el caso en el que están imputados; a lo que se suma la posibilidad de pasar la instrucción del proceso en libertad.

El hermetismo de las autoridades judiciales respecto a Gutiérrez es absoluto. Su declaración como “colaborador” podría complicar procesalmente a Cristina, quizás como no lo hizo hasta ahora ningún otro de los “arrepentidos” en la causa de los “cuadernos”. Se verá. “Fabián”, como le dicen todos en la familia K, atendió los menesteres inmediatos de la ex presidenta de la Nación, estaba a cargo de recibir y hacer los llamados del celular más poderoso del país, realizaba también labores en el ámbito doméstico de los Kirchner. Aún después de renunciado a su cargo, en febrero del 2010.

Se fue de su puesto acusado de haberse vuelto millonario en la función pública, como todos los asistentes privados de los Kirchner.

Gutiérrez hizo una fortuna a la par de su ascenso en la función pública. Su patrimonio había crecido de modo notable: en el 2003 declaró tener $ 52.200 pesos y, en el 2008, $ 400.000.

Gutiérrez no solo fue empleado “full life” durante casi dos décadas de Néstor y Cristina Kirchner. Era amigo de su familia, sobre todo del primogénito del clan, Máximo.

El verbo ahora es en pasado porque jamás le perdonarán haber siquiera sugerir que podría declarar en su contra.

La negociación de los potenciales “arrepentidos” en un expediente de corrupción, de acuerdo a la legislación, debe ser iniciada por el Ministerio Público Fiscal, que en este caso representan Stornelli y el fiscal Carlos Rívolo.

Las autoridades del caso “cuadernos” habían escuchado a alguien que conoce desde toda la vida a Gutiérrez. Esa persona les adelantó una intuición: Gutiérrez era capaz de “confesar” sus secretos. Nada se conoce al respecto.

“Sus secretos” es lo mismo que decir “los secretos de Cristina”.

Gutiérrez fue detenido el miércoles en un hotel que sería de su propiedad en Río Gallegos.

Otras investigaciones judiciales demostraron que había construido una casa que tendría un costo de un millón de dólares en El Calafate, que puso también una concesionaria para vender autos de lujo en la capital de Santa Cruz.

Y que se dedicó a la misma profesión que sus ex jefes también en Tierra del Fuego.

La hotelería.

Un negocio que siempre siembra sospechas.

Gutiérrez había sido señalado, en el caso “cuadernos”, por otro arrepentido, José López. El ex secretario de Obras Públicas K había contado que fue “Fabián” el que lo contactó para entregarle los casi 9 millones de dólares que él intentaría esconder, en vano, en un convento que no era tal en General Rodríguez, durante una madrugada alucinante.

“Cuando me contactó Fabián sin ninguna duda yo sabía que los mensajes u órdenes que vendrían provendrían de Cristina Kirchner”, dijo, palabras más, palabras menos.

Clarín