Después de una devaluación del peso que llega al 50% en lo que va del año, el Banco Central quiere marcarle la cancha al tipo de cambio. Y en cierta forma dejar a un lado hasta nuevo aviso el dogma: “flotación libre”. Tras el ensayo de las subastas de divisas, y las intervenciones “sorpresa” monitoreadas por el Fondo Monetario Internacional, el titular del organismo monetario, Luis Caputo habría consensuado con el FMI modificar el esquema de intervenciones en el mercado cambiario.

Ahora se propone trabajar con bandas de flotación, es decir, estableciendo un piso y un techo dentro del cual permitirá mover al precio del dólar. Superado el techo o perforado el piso, el Central tendría manos libres para hacer volver al precio del dólar al interior de esas bandas.

Según pudo consignar este diario de fuentes estrechamente vinculadas con la negociación Gobierno-FMI, se habla de una banda cambiaria bastante amplia: un techo que va de los 40 a los 44 pesos y un piso de entre 32 y 36 pesos. Si el dólar supera el techo, el Central vendería divisas, si perfora el piso, saldría a comprar.

Es posible que esta decisión no esté volcada en los textos del acuerdo próximo a anunciarse. Y que se trate de un acuerdo “de palabra” que, a regañadientes o no, haya sido aceptado por el Fondo, que no simpatiza con este mecanismo.

Ayer el dólar mayorista cerró a 38,20 pesos y el minorista a $ 38,97, después de tocar los 40 pesos una semana atrás.

Los movimientos de los últimos días indicarían que para el mercado la corrida cambiaria que arrancó en abril habría llegado a su fin.

En el Banco Central piensan parecido. Ayer por la tarde, la cúpula del Banco Central -Luis Caputo, Gustavo Cañonero y Pablo Quirno- se reunió con un grupo de agentes de Bolsa, administradores de fondos comunes de inversión y aseguradoras. Fue un encuentro muy distendido que se realizó en el Salón Bosch. Caputo -quien se mostró bastante relajado- explicó que de él dependen los aspectos monetario y cambiario del acuerdo con el FMI, en tanto el frente fiscal está en manos de Economía.

A los invitados, según comentó a este diario uno de ellos, les quedó la sensación de que con el nuevo acuerdo que están alcanzando con el FMI, el Central entiende que el tipo de cambio encontró un equilibrio, y que ahora se puede comenzar a pensar en el mediano y largo plazo.

Para justificar que el tipo de cambio alcanzó el equilibrio, señalan la nueva situación en que quedó la macro tras la devaluación del 50% en lo que va del año. Caputo señaló la mejor situación fiscal y la fuerte contracción del déficit de cuenta corriente, es decir el rojo que se produce porque se gastan más dólares que los que ingresan. Un ejemplo de esto es el desplome de los gastos de los turistas argentinos en el exterior. Abundan en que, además, se está observando una caída en la demanda de divisas para dolarizar carteras del público en general.

El otro dato objetivo que les permite suponer que la corrida cambiaria terminó es el fuerte ingreso de dólares que se produjo esta semana para comprar Letras en pesos. Hoy las reservas del Banco Central crecerán en al menos 700 millones de dólares por ese motivo.

El ingreso de divisas -especulativas, golondrinas, para carry trade o para el motivo que fuere- puede plantear nuevamente el desafío no ya de controlar capitales que pueden darle demasiada volatilidad al tipo de cambio, sino el de la presión a la baja del precio del dólar, sobre todo cuando hacia fin de año empiecen a entrar los dólares de la cosecha fina.

En el Gobierno calculan que a la cotización de estos días, el tipo de cambio real se parece al de 2009 o 2010, cuando el país no padecía déficit fiscal ni de cuenta corriente.

Ahora, quedan por delante meses de alta inflación, que le restarían competitividad al peso si el dólar se mantiene quieto.

En Economía aceptan -y algo de ello se habló ayer en la comisión de Presupuesto de la Cámara de Diputados- que para bajar los índices de precios el dólar necesariamente deberá marchar atrás de la inflación en los próximo s meses. Será una condición fundamental, además, para que el poder adquisitivo de los asalariados deje de deteriorarse.

Clarín